El séptimo álbum de los de Gotemburgo recupera el groove y el fuzz de su mejor etapa, y lo hace siendo tres donde antes eran cuatro; el resultado es un GRAVEYARD nuevamente reconocible
Uno toma consciencia de que está empezando a pintar canas cuando el espacio y el tiempo se contraen hasta casi no diferenciar un mes de un año… Y digo esto porque he tenido que recurrir al archivo para confirmar la fecha en que reseñé el anterior trabajo de nuestros queridos GRAVEYARD. Y es que sí, hace prácticamente tres años que firmaba el texto sobre "6" en estas páginas. Un álbum que suponía un contrapunto en la obra de los de Gotemburgo, socavando los puntales de su característico sonido en busca de ritmos más pausados y oscuros. Cierto es que nunca dejaron de sonar a ellos mismos, pero en aquella ocasión los fieles de la banda nos quedamos fuera de juego ante una jugada inesperada. Que nadie me malinterprete. Considero que el álbum ha envejecido correctamente, pero teniendo en cuenta el continuismo que venían mostrando los suecos, el cambio de carril (asumir un giro mayor me parece excesivo) supuso una sorpresa.
Pero el desconcierto no se quedó en ese punto: a finales de junio de este año, la banda anunció la salida del guitarrista Jonatan Larocca-Ramm. GRAVEYARD entraba en su séptimo álbum convertidos en trío, con el peso de la guitarra doble resolviéndose de otra manera. Y, aun así, quienes pensaran que "Fever" podía ser un trabajo continuista que ahondara en las profundidades de la noche sueca, lamento decirles que se equivocan. Esta séptima obra es la luz al final del túnel. Nueve pistas que retoman la senda de "Hisingen Blues" con los inconfundibles acordes y progresiones que siempre han caracterizado la música de Joakim Nilsson.
La propia banda lo explica con una declaración que lo resume todo: “La picazón, el ardor y la inquietud. El impulso de avanzar hacia la niebla. Incluso con el mordisco de la desesperanza en los talones y todo el humo y los espejos de nuestra época diciéndonos que no tenemos futuro. Pase lo que pase. Vamos.” Esta vez sin productor externo. Solo GRAVEYARD, al grano, haciendo lo que mejor sabe hacer.
"Fever" retorna al camino de vuelta a casa
Si algo se les ha de reconocer a los suecos es la capacidad de sonar a ellos mismos y nada más. Con los primeros tres segundos de cualquiera de sus temas se les puede identificar casi de forma inequívoca. Los arranques con pegada, el ritmo de réquiem acompañado por la áspera voz de Nilsson y sus agónicos bendings a lomos de la 335... A día de hoy eso es algo más que meritorio.
El propio inicio del disco lo deja claro. "Back From The Grave" pretende ser una llamada nostálgica a discos anteriores sin perder de vista el horizonte. Un tema áspero y desesperado, a veces agónico, donde las voces zozobran a través de un encrespado groove que oscila entre la agonía y la desesperación. Aunque espiritualmente ligado al peso dirigido por el fuzz de finales de los 60 y principios de los 70, "Back From The Grave" es extrañamente contemporáneo, repleto de bordes viciosos y afilados que desmienten la naturaleza analógica de la producción. Construido sobre un swing oscilante, demasiado auténtico para parecer una mera copia, cada avance en la cinta se siente genuinamente peligroso y sutilmente alucinógeno.
"Tongue Tied" saca al oyente de la noche oscura para imprimir velocidad y ritmo. Uno de los temas más destacados del álbum gracias a su frenético beat y a una batería simple pero efectiva que incita a correr hacia delante sin mirar atrás. Un ejercicio explosivo de Pub Rock con una abrumadora sensación de que los vasos de cerveza están rebotando contra las paredes.
"A Better Cut (Note to Self)" llega más lenta, más pesada, con Nilsson rugiendo como un torbellino de adrenalina mientras el solo de guitarra añade una nueva capa de dinamismo. El Rock y el Blues se encuentran a mitad de camino y el resultado es uno de los temas más redondos del disco.
GRAVEYARD galopa entre el frenesí y la nostalgia
"Year Of The Horse" replica la situación anterior. Un tema de esos que aceleran el pulso y obligan a correr hacia delante. La sucesión de guitarras replicando las voces y una batería incansable hacen de este uno de los temas más divertidos y recordables de todo el disco. Y es que aquí reside la magia de GRAVEYARD… con esa capacidad sutil y casi sinuosa de sumirte en la oscura calma y despertarte de un salto casi sin avisar.
"A Means To An End" llega con Boogie Rock glamuroso, beligerante y con testosterona extra en su paso arrogante. Este fue el single que anunció el álbum, y no es de extrañar, pues llegó cargado con todo el peso del contexto de la marcha de Ramm: la banda anunciaba sin decirlo que el edificio seguía en pie.
Junto a ella, "Time To Tell" rescata después los ritmos pausados y sombríos. Una mirada introspectiva de su propio sonido, donde esparcirse a contemplar los límites del universo. "Time To Tell" se revuelca en sus dinámicas de garaje antes de flotar sobre una densa nube lisérgica de Blues Metal con ecos de CREEDENCE CLEARWATER REVIVAL que Nilsson absorbe y transforma en algo completamente suyo.
Un cierre a la altura de las circunstancias
Los tres últimos temas suben aún más el listón. "Don’t Shoot!" es una coral oculta y hechizante con tenues ecos de WITCHCRAFT. "Room Tempered" nos somete a una tormenta punk, asilvestrada, que galopa sin control en medio de una explosión percusiva y voces cortantes con aires a MC5. Y el épico "Dead Note" recorre el universo sónico de los suecos, extrayendo magia atmosférica de un caldo construido a base de porciones de psicodelia tranquila y una serie de crescendos devastadores y curtidos por la intemperie.
El cierre a cargo de "Dead Note" es el argumento definitivo de "Fever". No termina poniendo la voz en alto, sino con una resolución lenta y pesada cargada de una atmósfera agónica. Nuestros queridos GRAVEYARD saben que la fiebre no se cura con más fiebre, sino dejando que el cuerpo descanse.
En esta ocasión los suecos toman de vuelta el control de su sonido, la banda parece haber recuperado también su identidad, con energía e incluso un entusiasmo audible y palpable en todo el álbum. La portada de "Fever", obra del artista holandés Maarten Donders, que ya colaboró con el grupo en su split de 7 pulgadas con GOAT, expresa ese sentimiento con la misma fuerza que la música.
GRAVEYARD actúa en este momento de su carrera puramente por instinto, y "Fever" es el resultado de ello. Pelle Gunnerfeldt en la mezcla hace el resto: el hombre que capturó la energía feroz de The Hives y Refused ha sabido exactamente cómo servir al momento en el que vive este sonido.
Es una obviedad afirmar que "Fever" no supera a "Hisingen Blues" y, a estas alturas de la partida, no creo que sea su objetivo. Lo que sí hace es retornar a la senda de su sonido y demostrar que "Fiebre" era exactamente lo que necesitaban.
Canciones de “Fever”
- “Back From The Grave”
- “Tongue Tied”
- “A Better Cut (Note To Self)”
- “Year Of The Horse”
- “A Means To An End”
- “Time To Tell”
- “Don’t Shoot!”
- “Room Tempered”
- “Dead Note”











