PAIN OF SALVATION - Road Salt Two

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Ya está. La metamorfosis se ha completado y, en contra de algunos malos augurios, PAIN OF SALVATION se ha transformado en una de las más bellas criaturas musicales del infinito universo sonoro. Qué valientes son… Podrían haber seguido la senda del Metal Progresivo evolucionando de manera “previsible” encadenando un disco tras otro, una gira tras otra para así labrarse una cómoda trayectoria en un segmento musical en el que la fidelidad de los fans raya, a veces, en lo enfermizo. Pero no, siguiendo el viejo adagio que dice que cuanto más avanzas más te acercas al origen del camino, las huestes de Daniel Gildenlöw han optado por transformar sus ropajes, sus aromas, sus colores y sus sonidos de tal manera que habrá quien ya no los asocie a aquellos exultantes adalides del Metal metafísico que parieron obras maestras como “The Perfect Element” o “Be”. El sonido añejo, con raíces, que destila este extraordinario “Road Salt Two” que hoy os comento, nos retrotrae a las grandes bandas de los 70 y, así, a lo largo de los doce temas que componen este disco uno se encuentra reminiscencias de LED ZEPPELIN, THE BEATLES, KING CRIMSON… aunque ofrecidas sobre un armazón compositivo tan elaborado que debemos seguir refiriéndonos a PAIN OF SALVATION como una banda de Progresivo sin lugar a dudas. Una banda que progresa hasta tal extremo que se sale del mapa y vuelve a la senda musical que hoyaran los pioneros del Rock pero con todo el bagaje musical del que está ya de vuelta de casi todo.

Arrancando con aires orientales, el disco, que se ofrece como un compendio conceptual de sentimientos descarnados, empieza asombrándonos con el sonido crujiente, totalmente retro de unas guitarras casi minimalistas y una percusión llena de matices que arropan con mimo la espectacular voz de un Gildenlöw maduro, matizado y contenido. Está en la cumbre de su talento creativo en interpretativo y lo sabe. Cuando procede se desata y desgarra su voz pero generalmente canta de manera delicada y matizada aunque desbordante de energía. “Softly She Cries” es una joya, pausada, oscura y densa, en la que los teclados juegan un papel crucial y las guitarras tejen un denso manto sonoro que arropan una melodía que embruja los sentidos. Cambiando completamente de registro “Conditioned” nos ofrece el lado más gamberro y directo de PAIN OF SALVATION, con un Daniel Gildenlöw sobresaliente que lo mismo nos recuerda a Robert Plant que a Mike Patton por la versatilidad de sus tesituras vocales. Las guitarras de Johan Hallgren saltan del riff descarnado al slide guitar más refinado. Lo de este grupo es una verdadera gozada porque a cada paso se escuchan nuevos matices, nuevos colores que asaltan nuestros sentidos como en la delicadísima “Heeling Now”, una delicatesen musical urdida a golpe de guitarra acústica, mandolina, percusión y, sobre todo, toneladas de sentimiento. Un tema que podría haber entrado perfectamente en “III” de LED ZEPPELIN y que sobrecoge por la riqueza de arreglos vocales y la soberbia percusión de Leo Margarit. En “To The Shoreline” el grupo demuestra una enorme capacidad emotiva valiéndose de coros grandiosos, teclados de tonalidades retro y guitarras acústicas que configuran, con la siempre deslumbrante voz de Daniel, una canción de aires festivos y cercanos al Pop sesentero más talentoso. Más oscuro y pausado es “Eleven”, uno de los cortes más siniestros de “Road Salt Two” gracias a esos fantasmagóricos teclados de Fredrik Hermansson, una de las piezas angulares que soportan el éxito de este tremendo disco. La grandeza del grupo se aprecia, también, en que puede hacer cosas como las que se aprecian en este tema, en el que mediado su minutaje, el grupo se lía en un marasmo de intrincados desarrollos melódicos sustentados en una arrolladora sección rítmica. El corte, que empieza de una manera sencilla, se complica de tal manera que tal vez uno podría pensar que les iba a costar reencontrar el camino de inicio. Pero no, el oscuro riff de arranque vuelve a encauzar el tema hasta completar esta odisea musical de la manera más original, sencilla y a la vez compleja. Sencillamente magistral.

Una de las piezas más delicadas de “Road Salt Two” es la bella “79”, una alegoría a los “viejos tiempos”, a aquel umbral de la década de los ochenta en el que según Gildenlöw el mundo “parecía un poco más honesto”. Todo un repaso conceptual a una época para aterrizar suavemente en lo que realmente le importa, una relación personal de amistad que se añora enmarcada en esa época histórica. Así es PAIN OF SALVATION, habla de lo más cercano siendo capaz de lanzar una mirada compleja a todo lo que lo rodea. Pero está claro que el grupo tiene recorrido previo suficiente como para embarcarse en temas épicos sin temblarles el pulso en ningún momento. Esto se aprecia claramente en el deslumbrante “The Deeper Cut”, un portento de desarrollos melódicos donde tan pronto estamos sumidos en una tormenta sonora como nos remansamos entre arreglos de teclado y acordes de guitarra sutiles mientras la batería no para de dibujar patrones rítmicos imposibles. El apoteósico final culmina un tema desagarrado e hipnótico que se me antoja perfecto para el directo. De igual manera el añejo “Mortar Grind” tiene todas las papeletas para ser un tema que en directo funcione muy bien gracias a unas guitarras herrumbrosas y a un Hammond siseante que embruja los sentidos. Tras el brutal final de “Mortar Grind”, con Gildenlöw desgarrando su voz de manera salvaje, sorprende (o no…) el cambio dramático de registro en “Through The Distance”, un tema que recuerda claramente a la melodía de “79”, haciendo así una segunda lectura de una de las melodías más acertadas de todo el disco.

Abordando la recta final de este sensacional disco nos encontramos con, probablemente, el mejor tema de cuantos atesora “Road Salt Two”. Se trata de “The Physics Of Gridlock”, una obra magna de casi nueve minutos en la que el grupo se endurece por momentos alternando momentos de mayor dramatismo lírico. Los juegos vocales se suceden y los pasajes más elaborados dan paso a momentos de mayor vocación minimalista arropado todo por un hipnótico riff de guitarra que no cesa. La instrumental “End Credits” pone punto y final a este disco que cierra, a su vez, el concepto “Road Salt” que, a lo largo de dos discos, ha supuesto una arriesgada apuesta por la innovación, el cambio y la evolución. Un disco ejemplar, pues, absolutamente recomendable (imprescindible, diría yo) para aquellas personas que, como el propio Gildenlöw, buscan en la música un vehículo de expresión que mira al futuro, al cambio permanente y a la innovación musical. En mi opinión, el disco del año.

 

Carlos Fernández

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